Viaje al Hexágono (1)

Nuestro viaje a Normandía y Bretaña ha sido una experiencia larga (4 850 km) y muy exhaustiva: cerca de 20 lugares visitados, 8 hoteles diferentes en otras tantas localidades, visitas a lugares bélicos, religiosos, civiles, prehistóricos… Largo y divertido,a pesar del cansancio con que hemos venido.

Nuestra intención es realizar un diario de viaje, para no olvidar todos los sitios en que hemos estado, compartir algunas de las miles de fotos que hemos hecho y —para qué negarlo— dar un poco de envidia.

El primer día fue la primera mitad del gran desplazamiento. Puesto que de Madrid a Ruan hay más de 12 horas en coche, decidimos hacer el viaje fraccionado. De esta manera, yo aprovechaba para visitar a mis tíos de Hendaya y podíamos ver el País Vasco francés, que ninguno de los dos conocía.

El road trip hasta Hendaya fue tranquilo. Paramos cerca de Lerma para echar gasolina y compramos dos paquetes de galletas (unas Oreo y otras de Cuétara sabor limón) que nos iban a acompañar para el resto del viaje en un hueco del coche. Lerma es un pueblo que, las pocas veces que he pasado por allí, me he quedado con las ganas de conocerlo, el duque debió de hacer cosas bonitas allí pero no era nuestro objetivo. Lo mismo me pasa con Atapuerca: pasar tan cerca del yacimiento y museo y no parar me dio penilla, pero decidimos dejarlo para el viaje a Éibar para la boda de Óscar e Idurre.

Llegamos a Hendaya después de pasarnos la salida en el peaje francés en lo que, según nos dijo mi tío Paco, se ha convertido en una tradición familiar. Vi a los tíos mejor de lo que esperaba, teniendo en cuenta que tienen más de 80 tacos y mi tía Vitoria está con Alzheimer. Incluso se animaron a dar un paseo por la playa con nosotros, aunque Vitoria se cansó rápido, la pobre. Tonto de mí que no me hice fotos con ellos, solo una metafoto a una que tenían de mi familia paterna, esta:

la familia de papá

Mi padre es la cabeza que asoma sobre mi abuela y a la derecha de mi abuelo.

Después de despedirnos de los tíos, nos fuimos al hotel a Ciboure, pueblo que desconocíamos ambos y que resulta que es ya un barrio de San Juan de Luz, situado al otro lado del puerto.

Pero el País Vasco francés es un mundo aparte y se merece una entrada aparte.

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