Publicidad intolerable

Vamos a partir de una idea básica: hay que distinguir entre publicidad tolerable y publicidad intolerable.

La publicidad tolerable es aquella que no molesta Y que aporta información nueva, verdadera y relevante sobre un producto.

Y la publicidad intolerable es la que molesta (esos banners con sonido, esos periódicos sin portada) O que no aporta información nueva, verdadera o relevante etc. O que promueve el miedo.

Así que vamos a poner algunos ejemplos de publicidad tolerable: Coca-Cola saca una nueva versión llamada Coca-Cola Zero y necesita informar al público de ello, mediante anuncios con famosos en la tele; o una marca desconocida en España como Adidas llega a este país y necesita darse a conocer; o Citroën cambia su programa de descuentos… En estos casos la publicidad es útil (al menos potencialmente) para el receptor de esta publicidad.

Sin embargo, cada vez más predomina la publicidad intolerable. Y pongamos algunos ejemplos de publicidad intolerable: aquel banner del test de la muerte, que pegaba unos berridos terribles. O los anuncios de Danacol: “los excesos de estas fiestas pueden ponernos en riesgo por colesterol”. O no, pero eso no lo dicen, claro… O todos los anuncios de cremas de belleza. TODOS. O los anuncios que dicen que un detergente lava 7 veces más blanco. ¿Cómo se mide eso? ¿En kilojulios por página?

Pero el problema no es la publicidad intolerable. El problema es que la gente no tiene el sentido crítico necesario para distinguir un tipo de publicidad de otra. Es curioso cómo el argumento de autoridad “Lo he visto en Internet/la tele” gane al argumento “Alguien con criterio me ha dicho que no me fíe”. Lo veo en mis alumnos los (poco) momentos que puedo dedicar en clase a analizar los mensajes publicitarios. Y los alumnos de hoy son los ciudadanos de mañana. Y ese mañana lo veo tirando a chunguillo.

Lectura recomendada: Mercaderes del espacio, de Frederick Pohl y Cyril M. Kornbluth (reseña en ciencia-ficcion.com).

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