Vuela (o no)

el metro de Madrid: huele a sueño, a pesadillas mal despertadas, a duchas demasiado ligeras, a perfumes baratos y colonias de granel.

Ramón Lobo, autor de Aguas Internacionales, en su blog personal

Lo curioso es que las dos palabras anteriores son Me gusta.

Y a mí también. Todavía hoy, cada vez que paso por la estación de Batán me pongo nervioso porque allí bajábamos del «suburbano» para ir al Parque de Atracciones. Aunque los trenes de hoy sean gusanos atómicos en lugar de venerables convoyes metálicos. Pero el paisaje no ha cambiado tanto.

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