Vivir mi vida

Hasta que no lo he terminado, no me he dado cuenta de cuánto tiempo me estaba quitando el curso de Móstoles. Por un lado ha estado bien, lo de comer con los compañeros viene bien y ayuda a crear vínculos, pero joder qué diferencia este miércoles con los tres anteriores. En lugar de estar en un atasco para salir de Móstoles, he tenido la tarde para recoger un poco la casa y coger la bici para dar una vuelta, la primera vez que la cojo este año. Y lo más divertido es que llegando a Navalcarnero, unos 6,5 kilómetros en coche y calculo que uno más con la bici, he pinchado. Y me ha tocado volver entre andando y montando en la bici, intentando no cargarme la llanta. Pero a pesar del percance me lo he pasado bien y lo he disfrutado. Ni siquiera me he cabreado, aunque me he vuelto a dar cuenta de que soy un desastre por no tener un kit de reparación de pinchazos. Preguntaré a mis alumnos, porque si no me tendré que ir al Decathlon de Alcorcón.

Desde que volví de Sevilla tengo la sensación de controlar un poco más mi vida. Y me gusta esa sensación.

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