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No me había dado cuenta pero, seguramente el jueves pasado, en algún lugar entre Brunete y Chapinería, cumplí 100 000 kilómetros en mi coche. Y la constatación me ha dejado sensaciones contradictorias. Satisfacción: cuando decidí comprarme un diésel porque calculaba que le iba a hacer kilómetros, no las tenía todas conmigo; decepción: ya que digo ser un defensor del transporte público, debería usarlo mucho más y mucho menos el coche; orgullo masculino: no está mal decir que he hecho ya seis cifras devorando la carretera; y por último uno que no sé nombrar, la constatación de que me estoy haciendo viejo al pensar que llevo ya tanto tiempo con el coche.

Esta mezcla de sentimientos provocada por algo tan poco importante debe de ser la marca de que hoy estoy sentimental, quizás por haber dormido mal. Un 4×4 sin cambios no puede ser sano…

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