Pagar a los alumnos

¿Nos hemos vuelto gilipollas? ¿Hemos perdido el norte de una manera tan lamentable? ¿Tendrá razón Ben Laden al decir que somos una sociedad decadente?

Ahora resulta que en Francia van a empezar a “incentivar económicamente” a los alumnos de algunos colegios parisinos, lo leí en El País. El ministro de Educación gabacho ha dicho que no es idea suya y que veremos, lo cual en la práctica es darle luz verde. Y en la roja Andalucía hay un programa parecido.

Y no es para tomárselo a coña. Hay un problema radical en una sociedad que no es capaz de primar a los que mejor aprovechan sus estudios. Me temo que la culpa no es del chachachá, sino del neoliberalismo. Los ciudadanos se están viendo reducidos a clientes (¿nadie se ha fijado en que Renfe ya no transporta viajeros, sino clientes?) y se nos valora por lo que consumimos, no por lo que somos ni por lo que hacemos.

Y luego pasa esto. Se nos llena la boca con la importancia de la educación, pero nunca en democracia se ha podido llegar a un acuerdo nacional sobre el sistema educativo. Un poco de política-ficción: Zapatero pierde su apoyo popular por su mala gestión de la crisis, el electorado pasa por alto la trama Gürtel y el PP vuelve al Gobierno. ¿Qué pasará en Educación? Probablemente se cambiaría el nombre del ministerio a Ministerio de Formación (todo tiene que cambiar para que todo siga igual) y se promulgaría la LOMSE (Ley Orgánica para la Mejora del Sistema Educativo), que consistiría en pasar los fondos del plan E a la construcción de tarimas para profesores y aros detectores de metal para las entradas de los institutos. Y la polémica mediática sería, otra vez, la clase de Religión. Manda güebos, como dijo el opusino Trillo.

Pero no se cambiaría lo fundamental: la valoración que la sociedad hace de la educación. Y mientras la educación sea no ya secundaria, sino marginal, jodidos estamos.

Quería incluir una viñeta sobre la evolución de la educación: una reunión de padres, profesor y alumno con malas notas en los 60 y ahora. En los 60, los padres preguntan al hijo: “¿Qué notas son estas?”; ahora, los padres preguntan lo mismo, pero al profesor. Pero no la encuentro.

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