5 de julio, 21:10

No pensaba volver a escribir hoy, pero he rezado vísperas con la comunidad y ha sido una experiencia muy bonita. Nunca lo había hecho, y ha merecido la pena, aunque sé que hacerlo todos los días me acabaría crispado.
Cantaban casi todo, menos la larga lectura del libro de la Sabiduría que ha leído una monja que vive también aquí. No era gregoriano, pero con el órgano daba mucha paz. La verdad es que me he emocionado en algunos momentos.
Es cierto que el canto de los monjes ayuda a rezar.
Luego me he acoplado con la visita guiada para el grupo de jesuitas de Bilbao. El monje era muy simpático y la sesión final de preguntas ha sido muy interesante, sobre todo cuando ha explicado su vocación. Me pareció que lo explicaba muy sencillo: lo conoció y pensó que aquello “era lo suyo”. Son trapenses, de la orden del Císter.
He comprado unos regalitos para Álex y David (se los daré el día de la familia) y unas tarjetas de Ibn al-Arabí para Kepa e Inés. Las escribiré y, si los veo en Santiago, se las daré (si me atrevo, que para esas cosas soy muy cortado).

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