Primeros versos (V)

21 de septiembre de 2009

“Voto a Dios que me espanta esta grandeza”

Miguel de Cervantes

Es sin duda el mejor soneto de Cervantes, que siempre quiso ser poeta (la gracia que no quiso darme el cielo) y sólo se dedicó a escribir teatro y novelas por dinero. Poco glamuroso, pero hasta él tenía que comer.

El soneto trata de la tumba de Felipe II en Sevilla, y es una solapada crítica a la manía de la monarquía austriaca de crear grandes monumentos funerarios (el mismo monasterio de El Escorial es un ejemplo). Y es que, aunque Cervantes era un vendido al sistema, como todos en aquel entonces y ahora, eso no quita para que fuera una persona con una profunda sensibilidad y una de las personas que más y mejor entendieron la España de su época, que no es tan diferente a la de ahora.

Con toda la mala hostia que tenía Quevedo, trató siempre con respeto al viejo Cervantes, con quien coincidió en Madrid. Quizás porque los dos coincidían en la capacidad de ver cómo era Españ

Más información: Cervantes en la Wikipedia

Primeros versos

Primeros versos (IV)

20 de septiembre de 2009

Un soneto me manda hacer Violante

El soneto tiene una historia apasionante. Quiero decir, apasionante si eres un friqui de la literatura; si no, nada. Lo inventaron en Italia, y el marqués de Santillana fue el primero en intentarlo, sin mucho éxito, la verdad. Lo intentó después Juan Boscán, pero este ha pasado a la historia porque fue quien convenció a Garcilaso para que lo hiciera, y este fue el que lo aclimató por completo.

Luego, en el siglo XVII, se puso de moda el hacer sonetos que explicaban cómo se hace un soneto. Un metasoneto, por decirlo pijamente. Muchos de los poetas madrileños del Siglo de Oro lo hicieron, pero sin duda el más famoso es este de Lope de Vega.

¿Y sólo por este rollo historicista me gusta este poema? Pues hasta hace 10 días sí, pero es que ahora además se han añadido ciertas consideraciones personales que me hacen disfrutar todavía más del Monstruo de la Naturaleza. Me mola el poema.

Primeros versos (II)

20 de septiembre de 2009

El otro día empecé una serie en la que pienso recopilar los primeros versos de las poesías que más me han gustado o impresionado cuando las he leído. Esto no es exactamente un poema, sino un epigrama de Gracián, pero lo pasaré:

Es llave la cortesía para abrir la voluntad

Hoy he tenido que llamar al centro de salud para pedir cita y no lo he conseguido hasta la tarde. Estaban hasta arriba de trabajo. (No, ni la cita ni la ocupación eran por la gripe porcina).
Cuando he conseguido contactar, me daban cita para el lunes, lo cual me venía ciertamente mal, pero según me han cogido he tenido la genial intuición de, antes de decir nada, interesarme por qué pasaba. La chica que me ha atendido me ha dicho que estaban MUY liados: Fíjate que hasta te hablo deprisa.

¿Y qué tiene que ver esto con Gracián? Como demostré cierto interés, le lloré a la chica por si me encontraba algún hueco para mañana y voilà!, cita para mañana.  Con lo fácil que es se educado e interesarse por la gente…

Primeros versos (III)

14 de junio de 2009

Volverán las oscuras golondrinas

Es posiblemente la rima más famosa de Bécquer, y hoy nos puede sonar un poco hortera, pero la última estrofa sigue teniendo fuerza, o eso me parece a mí:

Pero mudo, absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… Desengáñate,
¡así no te querrán!

Para mí las golondrinas son signo de la primavera. Mi habitación en casa de mi madre daba al centro de una manzana compuesta de garajes, con edificios de un solo piso, por lo que quedaba una extensión de tejados bastante libre. Cada primavera, las golondrinas volvían, no a mi balcón, pero sí al lado de mi habitación, y sus chillidos significaban, por un lado que llegaba la primavera y casi el verano, y por el otro que se acababa el curso, una mezcla de esperanza y fin algo agridulce. Y eso sigo sintiendo cada vez que oigo las golondrinas dando vueltas, buscando insectos: algo debe acabar para que empiece otra cosa.

Primeros versos (I)

15 de abril de 2009

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)

Dámaso Alonso supo resumir en un sólo poema toda la angustia de la España de la primera posguerra. “Insomnio” es el prólogo a Hijos de la ira, obra fundamental para la poesía española del siglo XX.  Este libro se publicó en 1944, así que no hay que ser un lince para adivinar a qué ira se está refiriendo.

Pero no es sólo (o más bien “solo”, entre comillas) la ira de la guerra civil, sino que la desolación de la guerra lleva a Dámaso Alonso a estar cerca de posiciones existencialistas. Como creyente, le pregunta a Dios por qué juega con los hombres, y el poema, que tiene también elementos surrealistas que aumentan la sensación de desolación, alcanza unas cotas de desesperanza (no desesperación) muy poéticas.

Es uno de mis poemas favoritos.

Ah, se puede leer en myotherdrive.com (formato PDF con otros poemas del libro) o en poesia-inter.net (es una buena página esta).