Se cuenta que una vez paseaba don Miguel de Unamuno con un excelso poeta hispánico que podría ser incluso Rubén Darío (las fuentes varían y es posible que la anécdota sea apócrifa), y el poeta le preguntó:
—Don Miguel, ¿sabe usted cómo se llaman esas flores blancas que flotan en ese estanque?
Y Unamuno, que era mu listo, supo responderle:
—Nenúfares, amigo, nenúfares, eso que sale tanto en sus poemas.

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